Como sabréis —y si no, ahora lo digo—, mi amigo Nacho Villalba me ofreció la posibilidad de publicar aquí, en su blog, ensayos como colaborador suyo. Me gustó bastante la idea y sí que creo que puedo dar una visión “diferente”. Lo que pasa es que no quería entrar sin presentarme como es debido, y ese es el objetivo de este ensayo. Creo que fácilmente os resultaría “raro” y “difícil de entender” plantaros cualquier ensayo mío sin daros a conocer mi contexto y mi propia manera de ser. Es por eso que mi primera aportación será esta, un “hola” y un “hasta la siguiente publicación” para todos los lectores.
Voy a dividir este ensayo en diferentes aspectos sobre mis escritos. El primero será el estilo, que creo que ya podréis haber encontrado ciertas “cosas” inusuales. Si me preguntaran un autor al que me parezco y hasta cierto punto me inspiro, diría sin duda Joan Fuster. Un Fuster del siglo XXI, no sería mala introducción para mí. Esto es cuanto menos curioso, justamente porque empecé a escribir con este estilo que hoy en día me identifica antes incluso de saber quién era esa persona.
Tenemos el carácter dialoguista, que es esa apelación constante al lector y ese interés por comunicarse con este de manera directa y cercana. Con esto se busca llamar su atención, conectar con él e incitar la reflexión propia respecto a los temas de los ensayos. Dentro de esto tendríamos, entre otras características, las preguntas retóricas —y no tan retóricas— y el uso de la segunda persona. También tenemos el tema de la “erudición” y la “reflexión interna”. Obviamente, yo no soy Fuster, y tampoco tengo su gran conocimiento surgido por años y años de experiencia. Sin embargo, también intento “emular” esa reflexión profunda de la que salen las ideas de los ensayos.
Aparte de estos, también hay características no tan “fusterianas”. Generalmente escribo en castellano —no por nada, porque me es más “cómodo”, pijadas mías—. Uso anotaciones, aclaraciones y reflexiones marcadas con “— —” —otra manía mía, que siempre intento que se me entienda—. Diría que mi estilo es mucho más intuitivo que organizado. Es por eso que fácilmente encontraréis una lista de ensayos caóticos, con divagaciones frecuentes y saltos entre temas. Aun así, generalmente sí que hay un hilo común a lo largo de un ensayo y una “estructura”, aunque no tan simple y a la vista. Por último, teníamos, sumado al uso de los “— —”, el uso de las “”. De hecho, ahora que pienso, también podrían considerarse características fusterianas. Esto último puede tener carácter irónico, de enmarcar un concepto o de resaltar una palabra.
El tema del estilo, por una parte. Estoy seguro de que me habrá dejado cosas, pero lo importante creo que lo he dicho. Me vale con que os quedéis con la “idea general”; el resto ya vendrá con la práctica, conforme leáis otros escritos míos —si os resultan interesantes—. El otro aspecto importante sobre mis ensayos es el marco filosófico e ideológico sobre el que se suelen tejer. Me explico, yo soy un individuo con mis propias ideas, como cualquier otro. El hecho de conocer mis ideas creo que os puede ser muy útil para entender desde dónde se crean mis ensayos. Al igual que difícilmente vas a entender “La República” de Platón sin entender, al menos, su política de carácter aristócrata, os costará entender mis ensayos sin conocer mi marco ideológico.
Con entender mi marco ideológico, quiero recalcar que no tengo intención de que lo compartáis. Sois libres de pensar como queráis, eso está claro. El único motivo por el que os quiero presentar, aunque sea de manera introductoria, esto es para que entendáis de mejor manera mis ensayos, no porque os quiera obligar a compartir mi propia opinión. Quería enfatizar en esto porque me parecía importante dejar claro que no voy a manipularos ni nada así. Como hago con el dialogismo, yo os presento los argumentos y os dejo a libre elección qué hacéis con ellos.
Ahora sí, sobre mi marco ideológico. Primero tenemos, a diferencia del sociólogo que es Nacho, un filósofo en potencia que soy yo, que, además, defiende un individualismo. Esto significa que mis escritos nunca se hacen desde “el colectivo”. “El colectivo” es un ente externo que se puede mencionar y criticar —generalmente—, pero nunca es ni el origen ni el final del escrito. Esto se debe a una defensa de la libertad individual y la creencia de que esta es limitada por la influencia de los “otros”. Los otros intentan manipular e influenciar las decisiones propias en contra muchas veces de nuestra voluntad y, a diferencia del sociólogo Nacho, que acepta necesariamente que esta pérdida debe producirse, el filósofo Carles luchará contra esta.
Aparte de esto, tenemos el énfasis en las creaciones humanas. Esto va también ligado a lo anterior, porque “el colectivo” formará parte de esta crítica. La idea es que como humanidad hemos caído en el error de creer que las cosas que creamos “existen”. Estoy hablando de cosas como las naciones, el idioma o los colectivos. “¿Y Carles, cómo podría ser que España no exista si yo vivo en ella?”. Pues porque España existirá mientras la gente quiera que exista. Con que estas cosas no existen y son creaciones humanas, me refiero a que su existencia se basa en una creencia colectiva de que “eso” existe. Es por tanto que basta con que todos dejemos de creer en su existencia para que simplemente deje de existir.
Es más, pongo el ejemplo que siempre uso: ¿Qué pasaría si mañana España se llamase Xivito? Primero, es algo que podría pasar. Como he dicho antes, basta con que todos decidamos que España se llama Xivito para que pase. En segundo lugar, la diferencia sería prácticamente nula. Cambiaría el nombre del país y probablemente el nombre de varias empresas, calles o emplazamientos, pero fuera de cambios de nombres, nada tangible. Es más: ¿Y si mañana España desapareciera? Pues fuera de consecuencias económicas derivadas de que nos hemos acostumbrado a que España exista, fuera de eso estoy seguro de que a la larga no importaría demasiado. No importaría fuera de lo que la gente quisiera que importase.
Justamente aquí vemos una de las consecuencias directas de esta crítica de las “creaciones humanas”: un férreo antinacionalismo. Como creaciones humanas que son las naciones, no existe justificación para “defenderlas”. Es por tanto que en este pensamiento los países se ven como generadores de guerras sin sentido que solo matan gente sin un cambio real en el conjunto de la humanidad. Antinacionalismo significa antirregionalismo, y aquí tenemos otra de las características que me diferenciará de Nacho. Yo seré antivalencianista. Pero ojo, que esto es importante. Yo no discriminaré, sino que, por la naturaleza del discurso, seré tan “antivalencianista” como “antiespañol”.
Realmente creo que podría desarrollar mucho más este marco ideológico, pero me tomaría demasiado. Prefiero dejaros con la intriga e ir desvelando las cosas poco a poco, a través de mis ensayos. Cabe recordar, otra vez, que esto no es para que me compréis mi opinión. Como máximo, es para que reflexionéis sobre mis ideas y hasta qué punto os puede convencer mi manera de ser y pensar. Entiendo que el rechazo hacia todas las creaciones humanas es algo bastante “radical” y que encontraré objetores. Mi propio compañero de blog no comparte esta idea y estoy seguro de que tendrá buenos argumentos para ello. Aun así, sí que creo que esta es una buena oportunidad para pensar hasta dónde creéis que puede existir lo que creemos que existe.
Y hasta aquí todo el ensayo. Espero que os haya por lo menos servido para entenderme un poco más y que haga el resto de ensayos un poco más “digeribles”. Agradecer a Nacho Villalba por darme la oportunidad de escribir por aquí y espero veros dentro de no mucho.
Escrito el 05-04-2026
Publicado el 06-04-2026


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