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Microensayo: Desahuciados

Generalmente no hablo demasiado de mi vida personal en los ensayos —quitando alguna anécdota con un sentido más literario. Sin embargo, hoy quiero hablar de una cuestión que, al igual que a mí, involucra aproximadamente a un cuarto de mi pueblo. Estoy hablando de la Societat Musical d’Algemesí, así como del conservatorio Cavanilles. Si he tenido que hablar de esto, no es por algo bueno, es porque, como muchos sabréis, llevamos año y medio desahuciados. La dana nos quitó una sede ya abarrotada en su día y nadie del ayuntamiento se ha dignado a darnos un sitio en condiciones.

Primero de todo, está claro que la DANA ha llevado a muchos problemas y que se han tenido que priorizar “cosas”. Sin embargo, no entiendo por qué se ha tenido que dejar tan de lado a la SMA haciendo que hoy, a 10 de abril, llevemos 524 días sin un sitio en condiciones para hacer nuestras actividades —y contando. Antes de un problema relativamente sencillo de resolver, se ha priorizado, por ejemplo, el gastarse una millonada en arreglar un parking que de hecho no estará arreglado hasta 2027, o hacer decenas de rotondas o más parkings innecesarios por todo el pueblo. Parkings con los que, sin embargo, sigo sin poder aparcar en el centro. Y si teníais alguna duda de si la situación de la banda es tan “mala”, os voy a contar lo que es una semana mía con la banda.

El lunes tengo percusión. Primero, la clase es en el casino, cerca de la plaza mayor —menciono el lugar porque será importante más adelante. El “aula de percusión”, si así se le puede llamar, resulta que es incluso más pequeña que mi propia habitación. Hasta hace poco disfrutábamos de tener —ojo— una caja, un xilófono y dos tambores pequeños que intentaban emular a los timbales. Ni batería, ni congas, ni bombo, ni pandereta ni absolutamente nada. Y no es porque no tengamos, sino porque primero no hay espacio y segundo resulta que están en otro sitio por un motivo que diré después.

También he de decir una cosa, y es que hoy en día —gracias a Dios— tenemos dos timbales —y más que “gracias a Dios” es gracias a nosotros mismos. He de destacar la diferencia entre tocar unos timbales y unos “tambores”. Primero de todo, a los timbales se les puede regular la nota que suena; los tambores no. Los timbales se tocan golpeando cerca del extremo para conseguir un mejor sonido; los tambores no. Los timbales son más grandes y suenan a timbales; los tambores no. Podría seguir, pero se entiende la idea de que con esos tambores solo pueden salir alumnos incapaces de hacer sonar bien unos timbales, no por culpa de los alumnos, sino porque sin unos timbales es imposible aprender a tocar unos timbales.

Proseguimos con mi “odisea” semanal. Martes y jueves voy a la banda grande, donde toco el trombón —mi instrumento “principal”—, y jueves también voy a la banda juvenil, donde toco la percusión. Empiezo por la juvenil. ¿Os acordáis de cuando os decía que había un segundo motivo por el cual no se puede llevar casi ningún instrumento al aula de percusión? Pues aquí lo tenéis. Resulta que los ensayos de ambas bandas no se hacen en el casino, sino en el “Casal Fester”, también llamado antiguamente la “Sala Rex”. Eso son 5 minutos extra de caminata para alguien que tenga clase en el casino y luego banda en la Rex. Justamente he de decir que este caso es bueno, porque de hecho hay clases que se hacen a sitios a 20 minutos caminando.

En resumen, como en banda hacen falta instrumentos de percusión y la banda se hace en la sala Rex, se hace completamente imposible usar en clase de percusión cualquier instrumento que se use en la banda. Y aquí viene la guinda del pastel: la sala Rex no es ni del ayuntamiento, es decir, no han sido ellos quienes nos la han prestado. Quien realmente nos ha prestado ese sitio y gracias al cual podemos ensayar dos veces a la semana es la asociación de jubilados del pueblo. Luego tenemos los ensayos del jueves, que se hacen después de cenar. ¿Sabéis por qué hacemos ensayo jueves y no viernes? Porque el viernes la asociación de jubilados necesita el sitio. El ensayo debería ser viernes y no jueves porque muchos miembros de la banda son gente adulta que trabaja. Por eso se hace viernes, porque generalmente sábado no se trabaja. Ahora tenemos más dificultades para ir a los ensayos y, por ende, para preparar el repertorio para los conciertos.

Si no teníais suficiente, más de una vez se ha tenido que cancelar algún ensayo porque la asociación requería del edificio. El sitio no está insonorizado y los ensayos se tienen que acabar antes y empezar antes, haciendo que tengamos menos tiempo para cenar antes de ir. Sé de músicos que o no vienen o vienen tarde porque tienen historias varias con las que no les da para llegar a tiempo. Y recalco, la asociación de jubilados no tiene culpa de nada. Se les agradece que nos presten el sitio. La culpa es de quien nos debería haber concedido un sitio que no tenemos. Hablo claro: me refiero al ayuntamiento.

Si no es suficiente el hecho de que la SMA es una organización dependiente de ellos mismos, hay otro argumento de aún mayor peso para que estos nos den unas condiciones mínimas para ejercer nuestras funciones. Ese es que, por un lado, nos tienen repartidos por todo el pueblo en aulas diminutas o que no son ni suyas y luego esperan de nosotros una absoluta fidelidad en la millonada de actos y conciertos que nos obligan a hacer. Por poner varios ejemplos, tenemos primero «La Mare de Déu». Ya hace años desde que se decidió hacer el evento patrimonio nacional. Desde ese día las calles se abarrotan de gente esas dos jornadas. Es casi imposible moverse por las calles. Y si eso no es suficiente, la última procesión la empezamos pasadas las 12 de la noche. Repito, la empezamos.

No es cuestión de que “la procesión la hacemos porque queremos”. Nosotros no somos los pastorets, la muixeranga o cualquier otro baile que aparezca. Ellos existen para y por “La Mare de Déu” y se preparan única y exclusivamente para eso. Nosotros estamos porque hace falta alguien que toque detrás de “La Mare de Déu» como tal. Hace falta alguien que aguante el paso de tortuga que se lleva a veces porque algunos bailes quieren pararse cada 4 metros para demostrar sus enormes dotes interpretativas. Y repito, no es por criticar simplemente a la procesión. Lo hacemos porque queremos. No porque queramos estar en la procesión, sino porque queremos representar a la banda. Una banda que en teoría representa un pueblo que nos acoge. Un ayuntamiento que en teoría nos acoge.

Como esta, existen innumerables procesiones y pasacalles para los que nos hacen tocar prácticamente gratis, cobrando lo poco que nos puede ofrecer la banda cada trimestre. Y repito por si no había quedado suficientemente claro: lo hacemos porque queremos, porque queremos a la banda, no al ayuntamiento. Entre esos pasacalles y procesiones se encuentra la procesión “dels conbregants”, que llevamos intentando quitarnos de encima años. También tenemos alguno en fallas, donde generalmente los músicos tocan en charangas y supone un gasto extra para la banda contratar a músicos extra para tocar. Tenemos Semana Santa, otros pasacalles… Pero bueno, aquí parece que hasta que no nos pongamos serios, nadie va a agradecer nada de nuestro esfuerzo.

Luego tenemos el tema de los toros. Esto si que es otro nivel. Aquí sí que me voy a poner un poco “político”, pero con razón. ¿Sabéis cuáles son los mayores defensores de los toros? Obviamente VOX ¿Y sabéis quién ha paralizado la construcción de la nueva casa de la música, que llevamos reclamando desde antes incluso de la DANA? También VOX. Ahora, ¿No os parece hipócrita que un partido que apoya los toros vaya en contra del conjunto de músicos que por menos de lo que cobraría cualquier agrupación musical suben a tocar a los toros? ¿No os parece hipócrita que vayan en contra de la trompeta que marca todas las fases del toreo? ¿No os parece hipócrita que vayan en contra de los músicos que tocan un pasodoble mientras el torero está matando al animal?

Insisto, no es cuestión de ser más o menos de derechas, o más o menos a favor de los toros, es cuestión de que mucho toro pero luego sin nuestra ayuda nadie monta ninguna fiesta. Pongámoslo en números. Generalmente los últimos años llevamos cobrando unos 30€ por tarde tocando como máximo. Una xaranga de las peores por una tarde tocando suele cobrar mínimo entre 40€ y 50€. Y esos 10€ mínimo de diferencia multiplicalos por el número de actos que se hacen, que son 10. 100€ podría estar perdiendo una sola persona. Ahora imagínate lo que el conjunto de la banda está perdiendo. Nos quieren poner además actos extra que antes no teníamos por el mismo precio total -es decir, actos gratis. Y lo peor no es eso, sino que mientras “regatean” con nosotros el presupuesto para toros aumenta año tras año. Eso es lo peor, no que no nos paguen lo que nos deben, sino que no nos lo quieren pagar aunque perfectamente podrían.

Y pasamos al último punto donde la banda supone un elemento clave para el ayuntamiento. Hablamos del infame concierto de “l’escola canta”. Primero de todo es un concierto completo que nos hacen hacer. Para que os hagáis una idea, al año en la banda se hacen menos de 10 conciertos. Cada uno se debe preparar con antelación, planificar ensayos, pruebas de sonido y eso sin hablar del tema de logística. Hablamos de traer y devolver todos los instrumentos de percusión, así como elementos de grabación para subir nuestros conciertos a YouTube. Es por eso que no es ninguna tontería que nos “manden” hacer un concierto. Eso significa desaprovechar una de estas oportunidades de montar un repertorio realmente interesante y desperdiciar todo este trabajo en lo que, “desde arriba”, nos manden hacer.

Y digo una cosa, no es solo que sea mandado, el simple concierto tiene problemas varios. Musicalmente es pobre, muy pobre. Es prácticamente música pop hecha para banda —en el mejor de los casos. Hay partes incluso que nosotros mismos cambiamos porque están mal hechas. Recuerdo un ritmo en la batería que estaba mal hecha y que tuvieron que modificar. Letristicamente es ese típico mensaje de que si reciclar, que si no discriminación y esas cosas que ahora se dan en el colegio. Tampoco voy a meterme en temas tanto de opinión, solo decir que dar soluciones simples a problemas complejos siempre es mala idea. Justamente unido a esto, tenemos que es un concierto que se canta con los diferentes institutos. Eso nos supone a nosotros un coste extra por coordinarnos con ellos y a veces perder cierta calidad musical porque obviamente unos niños de sexto de primaria no son una banda semiprofesional.

En conclusión mi idea aquí no era ponerme a criticar cada cosa que obligan a hacer a la banda. Está claro que las hacemos porque como parte de la banda las queremos hacer. Lo que no puede ser, como avanzaba antes, es que mientras nos dicen de hacerlas porque tenemos que hacerlas ellos no hacen nada por nosotros. No podemos preparar conciertos y actos de esta manera. Dispersados por el pueblo no podemos educar a las nuevas generaciones que vendrán a la banda. Sin un lugar fijo no podemos ensayar. Si partimos además de que antes el concierto “extra” no estaba y que por ejemplo no habían tantos actos en toros en general se nos ha añadido carga de trabajo mientras se han despreocupado por darnos unas condiciones mínimas.

La solución es fácil. Un sitio fijo para la SMA, y punto. No voy a pedir más, aunque debería. No voy a pedir ningún cobro decente por toros, ni la reducción de actos, ni la eliminación del “escola canta”. Unas condiciones mínimas. Ojalá algún día nosotros nos diéramos cuenta de lo que realmente valemos. Ojalá algún día los de arriba se dieran cuenta de que, si no fuera por nosotros, hoy por hoy se estarían gastando barbaridades en músicos o, en su defecto, estarían cargándose la mitad de las fiestas de aquí. Ojalá que algún día los ciudadanos de Algemesí nos valoréis como lo que somos. Ojalá que algún día no tenga que estar haciendo estos ensayos por lo que debería ser básico.

Carles García Raga (2026; publicado el 27/04/2026)

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Microensayo: Romper el ciclo

En respuesta al ensayo de Nacho Villalba llamado «Espanya». Sobre la cuestión de España y sus autonomías.

Antes, mi querido amigo Nacho Villalba me había recomendado leerme su pequeño ensayo titulado “Espanya” —en valenciano porque todo su ensayo está escrito en valenciano. Es un ensayo realmente interesante y os recomiendo echarle un ojo. También me dijo —a modo de pulla— que podía hacer un ensayo contestando el suyo, porque sabía que tendría mucho que decir sobre ese —que bien me conoce. Lo que creo que no se esperaba es que le diera la razón en lo que viene a ser la tesis central del ensayo —o por lo menos en parte de esta. Sí. Como él apunta, el Estado-nación es un error. España como nación única es un error. Ahora, la pregunta es: ¿Cuál debería ser la alternativa?

Primero voy a hablar sobre la primera parte de la tesis, que es precisamente la que comparto. No es cuestión de que España se haya impuesto sobre otros, de que hayan querido crear un estado fuerte a costa de cargarse cualquier destello de regionalismo en sus propias regiones, sino que han sido sus propios gobernantes quienes sistemáticamente han usado a la “única España” a su favor. Está claro el objetivo borbón. Está claro el despropósito de dejar Castilla y Aragón en “solo Castilla”. Está clara la manera en la que sistemáticamente se le ha otorgado poder a Madrid.

Ahora, lo peor nunca fue que quisieran cargarse todo lo que se encontraron a su paso, sino que la clave es que con esto querían una cohesión social alrededor de la nación. Realmente dudo que a nadie le importase “España”, sino que esta es desde los Borbones una herramienta de centralización. Esta herramienta de centralización sería la misma si estos mismos Borbones hubieran decidido centralizar España alrededor de Barcelona y la actual predominancia de Castilla fuera la predominancia de Aragón. Es aquí donde se empieza a ver mi punto de desacuerdo. España no es simplemente una nación, es un arma. Un arma para juntar una injuntable España.

Sobre la segunda parte de la tesis. Esta se refiere a la solución del problema. Si su crítica se basa en la oposición entre lo que Nacho denomina “estado nación” y la “plurinacionalidad”, el problema dirá que es el primero y la solución el segundo. Que el primero sea el problema está claro, ¿pero y lo segundo? Parémonos a pensar un poco: Nuestro problema es que se ha usado una nación para aglutinar la inaglutinable España. ¿Y cuál es la solución? ¡Muchas naciones exactamente iguales a la que criticábamos! La nación nunca puede ser la solución de la nación. Esto es porque ahora parece que Valencia, Cataluña, País Vasco y todas estas regiones son las oprimidas, y que la opresora es España —o Castilla—, pero cabe recordar que nunca lo han sido así, y nunca tienen el porqué serlo en el futuro.

Ponemos el mismo ejemplo de la España que ahora tanto se critica. Si habéis dado un poco de historia, sabréis que en España habitaban los visigodos, antecesores nuestros —en teoría—, cuando los musulmanes vinieron a la península y redujeron el reino visigodo a aproximadamente la actual Asturias. En ese momento se dio un proceso de reconquista por la recuperación aparentemente legítima de territorio que les había pertenecido. Y si no les convence lo suficiente el argumento nacional de que se hacía por “recuperar España”, aún hay uno de más peso: el religioso. Cristianos contra musulmanes: ¡El gran clásico de la Edad Media! El caso es que con argumentos aparentemente legítimos y con una clara posición de ser el oprimido empezaron una guerra con la que recuperaron lo que -según ellos- les pertenecía.

Eso pasó hace 1300 años aproximadamente, y hoy el querido oprimido es el opresor que amenaza con cargarse media cultura peninsular. ¿Realmente creéis que si Cataluña consigue su gran ansiada independencia dentro de 1300 años no querrán su reconquista de Valencia, Baleares y Aragón? Está claro que es una simple conjetura, pero era para que vierais el paralelismo. Con esto quería llegar a que la solución de un clavo no es otro clavo. Un nacionalismo nunca soluciona otro, sino que perpetúa el ciclo del odio. Es una dialéctica que funciona de la siguiente forma: digamos que existe el colectivo mayoritario A y el minoritario B. El A oprime al B y el B se siente con el derecho de defenderse. Aquí pasa una de dos: o que el A asimila al B y sale otro colectivo oprimido nuevo, o que el B gana al A. En este último caso, el colectivo oprimido se convertirá en opresor y continuará el ciclo del odio al aparecer un nuevo oprimido.

Aquí añadimos la idea de herencia. Se considera herencia la creencia de que tenemos el deber de continuar lo que nuestros predecesores empezaron. Para ser más exactos: si mi familia es valenciana, tengo entonces el deber de defender el valenciano. Esto también pasa con cualquier nacionalismo. Estos nunca se mantendrían si la gente no mantuviera esta “herencia”. Por volver al caso de Al-Ándalus. ¿Qué derecho tenían los reyes cristianos de conquistar un terreno que ni habían pisado? Recordemos que son sus antepasados quienes vivieron allí, no ellos. Así se perpetúa el colectivo, cuando unos heredan los errores de otros. ¿Realmente es el deber de un vasco defender su región? ¿Y para alguien de Cataluña? ¿Y para alguien de cualquier otra comunidad autónoma? ¿Yo, como valenciano, tengo acaso el deber de defender la conquista de un rey de una ciudad en el 1238?

¿Y a dónde quieres llegar, Carles? Pues ahora voy. Sí, como he defendido, la solución de un nacionalismo no es otro nacionalismo; lo que se debería hacer es una destrucción completa de estos y de su ciclo del odio. El ciclo del odio es la dialéctica de la que hablaba antes. Alimentada por aglutinantes de masas, crea un ciclo donde corrientes surgen y son destruidas por otras mediante guerras, sean físicas o no. Sé que suena idealista, pero espero el día en el que nos demos cuenta de que no somos españoles, valencianos, catalanes, canarios o moros; somos personas. Somos individuos a los que nos arrancaron la libertad a base de encadenarla a una nación. El día en el que todos nos demos cuenta de eso, no destruiremos el estado-nación a base de crear otros. Destruiremos el Estado-nación y punto.

Escrito el 2-04-2026

Publicado el 8-04-2026

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Introducción – Carles García Raga

Como sabréis —y si no, ahora lo digo—, mi amigo Nacho Villalba me ofreció la posibilidad de publicar aquí, en su blog, ensayos como colaborador suyo. Me gustó bastante la idea y sí que creo que puedo dar una visión “diferente”. Lo que pasa es que no quería entrar sin presentarme como es debido, y ese es el objetivo de este ensayo. Creo que fácilmente os resultaría “raro” y “difícil de entender” plantaros cualquier ensayo mío sin daros a conocer mi contexto y mi propia manera de ser. Es por eso que mi primera aportación será esta, un “hola” y un “hasta la siguiente publicación” para todos los lectores.


Voy a dividir este ensayo en diferentes aspectos sobre mis escritos. El primero será el estilo, que creo que ya podréis haber encontrado ciertas “cosas” inusuales. Si me preguntaran un autor al que me parezco y hasta cierto punto me inspiro, diría sin duda Joan Fuster. Un Fuster del siglo XXI, no sería mala introducción para mí. Esto es cuanto menos curioso, justamente porque empecé a escribir con este estilo que hoy en día me identifica antes incluso de saber quién era esa persona.


Tenemos el carácter dialoguista, que es esa apelación constante al lector y ese interés por comunicarse con este de manera directa y cercana. Con esto se busca llamar su atención, conectar con él e incitar la reflexión propia respecto a los temas de los ensayos. Dentro de esto tendríamos, entre otras características, las preguntas retóricas —y no tan retóricas— y el uso de la segunda persona. También tenemos el tema de la “erudición” y la “reflexión interna”. Obviamente, yo no soy Fuster, y tampoco tengo su gran conocimiento surgido por años y años de experiencia. Sin embargo, también intento “emular” esa reflexión profunda de la que salen las ideas de los ensayos.


Aparte de estos, también hay características no tan “fusterianas”. Generalmente escribo en castellano —no por nada, porque me es más “cómodo”, pijadas mías—. Uso anotaciones, aclaraciones y reflexiones marcadas con “— —” —otra manía mía, que siempre intento que se me entienda—. Diría que mi estilo es mucho más intuitivo que organizado. Es por eso que fácilmente encontraréis una lista de ensayos caóticos, con divagaciones frecuentes y saltos entre temas. Aun así, generalmente sí que hay un hilo común a lo largo de un ensayo y una “estructura”, aunque no tan simple y a la vista. Por último, teníamos, sumado al uso de los “— —”, el uso de las “”. De hecho, ahora que pienso, también podrían considerarse características fusterianas. Esto último puede tener carácter irónico, de enmarcar un concepto o de resaltar una palabra.


El tema del estilo, por una parte. Estoy seguro de que me habrá dejado cosas, pero lo importante creo que lo he dicho. Me vale con que os quedéis con la “idea general”; el resto ya vendrá con la práctica, conforme leáis otros escritos míos —si os resultan interesantes—. El otro aspecto importante sobre mis ensayos es el marco filosófico e ideológico sobre el que se suelen tejer. Me explico, yo soy un individuo con mis propias ideas, como cualquier otro. El hecho de conocer mis ideas creo que os puede ser muy útil para entender desde dónde se crean mis ensayos. Al igual que difícilmente vas a entender “La República” de Platón sin entender, al menos, su política de carácter aristócrata, os costará entender mis ensayos sin conocer mi marco ideológico.


Con entender mi marco ideológico, quiero recalcar que no tengo intención de que lo compartáis. Sois libres de pensar como queráis, eso está claro. El único motivo por el que os quiero presentar, aunque sea de manera introductoria, esto es para que entendáis de mejor manera mis ensayos, no porque os quiera obligar a compartir mi propia opinión. Quería enfatizar en esto porque me parecía importante dejar claro que no voy a manipularos ni nada así. Como hago con el dialogismo, yo os presento los argumentos y os dejo a libre elección qué hacéis con ellos.


Ahora sí, sobre mi marco ideológico. Primero tenemos, a diferencia del sociólogo que es Nacho, un filósofo en potencia que soy yo, que, además, defiende un individualismo. Esto significa que mis escritos nunca se hacen desde “el colectivo”. “El colectivo” es un ente externo que se puede mencionar y criticar —generalmente—, pero nunca es ni el origen ni el final del escrito. Esto se debe a una defensa de la libertad individual y la creencia de que esta es limitada por la influencia de los “otros”. Los otros intentan manipular e influenciar las decisiones propias en contra muchas veces de nuestra voluntad y, a diferencia del sociólogo Nacho, que acepta necesariamente que esta pérdida debe producirse, el filósofo Carles luchará contra esta.


Aparte de esto, tenemos el énfasis en las creaciones humanas. Esto va también ligado a lo anterior, porque “el colectivo” formará parte de esta crítica. La idea es que como humanidad hemos caído en el error de creer que las cosas que creamos “existen”. Estoy hablando de cosas como las naciones, el idioma o los colectivos. “¿Y Carles, cómo podría ser que España no exista si yo vivo en ella?”. Pues porque España existirá mientras la gente quiera que exista. Con que estas cosas no existen y son creaciones humanas, me refiero a que su existencia se basa en una creencia colectiva de que “eso” existe. Es por tanto que basta con que todos dejemos de creer en su existencia para que simplemente deje de existir.


Es más, pongo el ejemplo que siempre uso: ¿Qué pasaría si mañana España se llamase Xivito? Primero, es algo que podría pasar. Como he dicho antes, basta con que todos decidamos que España se llama Xivito para que pase. En segundo lugar, la diferencia sería prácticamente nula. Cambiaría el nombre del país y probablemente el nombre de varias empresas, calles o emplazamientos, pero fuera de cambios de nombres, nada tangible. Es más: ¿Y si mañana España desapareciera? Pues fuera de consecuencias económicas derivadas de que nos hemos acostumbrado a que España exista, fuera de eso estoy seguro de que a la larga no importaría demasiado. No importaría fuera de lo que la gente quisiera que importase.


Justamente aquí vemos una de las consecuencias directas de esta crítica de las “creaciones humanas”: un férreo antinacionalismo. Como creaciones humanas que son las naciones, no existe justificación para “defenderlas”. Es por tanto que en este pensamiento los países se ven como generadores de guerras sin sentido que solo matan gente sin un cambio real en el conjunto de la humanidad. Antinacionalismo significa antirregionalismo, y aquí tenemos otra de las características que me diferenciará de Nacho. Yo seré antivalencianista. Pero ojo, que esto es importante. Yo no discriminaré, sino que, por la naturaleza del discurso, seré tan “antivalencianista” como “antiespañol”.


Realmente creo que podría desarrollar mucho más este marco ideológico, pero me tomaría demasiado. Prefiero dejaros con la intriga e ir desvelando las cosas poco a poco, a través de mis ensayos. Cabe recordar, otra vez, que esto no es para que me compréis mi opinión. Como máximo, es para que reflexionéis sobre mis ideas y hasta qué punto os puede convencer mi manera de ser y pensar. Entiendo que el rechazo hacia todas las creaciones humanas es algo bastante “radical” y que encontraré objetores. Mi propio compañero de blog no comparte esta idea y estoy seguro de que tendrá buenos argumentos para ello. Aun así, sí que creo que esta es una buena oportunidad para pensar hasta dónde creéis que puede existir lo que creemos que existe.


Y hasta aquí todo el ensayo. Espero que os haya por lo menos servido para entenderme un poco más y que haga el resto de ensayos un poco más “digeribles”. Agradecer a Nacho Villalba por darme la oportunidad de escribir por aquí y espero veros dentro de no mucho.

Escrito el 05-04-2026

Publicado el 06-04-2026